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domingo, 19 de agosto de 2012

El chico.


Una nueva noche, fría y oscura, se acerca. Pero no antes de su hora, siempre a su hora, solo cuando se lo propone. Creo que va siendo hora de volver al fin a ese magnifico sitio de delirios. Entonces, mientra cierro los ojos, mi pulso se vuelve cada vez más suave y con un ligero ritmo me lleva hacia la inconsciencia.

Sentado en esa parada de tren, tan mágica, tan misteriosa y peligrosa a la vez espero la maquina que me llevará hoy. No sabes a donde vas a ir, no sabes cual es el destino de dicha vía. Solo sabes que puedes acabar entre flores o entre explosiones, entre sentimientos o entre sangre. Pues ir a un sueño o a una pesadilla.

La misma parada, el andén de enfrente. Un chico delgado, envuelto en fríos y negros ropajes agacha la cabeza, expulsando una gran cantidad de vaho. Parece triste y no alza la vista más allá de sus manos entrelazadas.

Algo curioso mientras esperas tu tren te acercas al muchacho. Ahora que estás cerca te percatas de que su salud no debe ser demasiado buena; tez pálida, labios agrietados y pelos largos, tanto en cabeza como en barba, muy descuidados. El chico despide frío, como si el calor no se le acercara. Tras mirarlo unos segundos, finalmente, te decides a preguntar:

-Hey ¿Tú también esperas un tren?
-Alzando la vista y mirándote con sus ojos vidriosos -Así es.
-Sonríes-¿Tampoco sabes a donde te llevará esta noche, verdad?
-Oh, no. Usted se equivoca. Yo sé a donde voy señor.
-Entonces ¿por qué estás tan triste? Por cierto, tutéame, no soy tan mayor.
-¿Tristeza? Oh, claro. Lo siento señor...
-Por favor llámame Pablo. -lo interrumpes-
-Ese es mi problema Pablo, que sé perfectamente a donde me dirijo, y no es un lugar agradable.
-¿Acaso te envían a la guerra? A mí me ha tocado algunas veces, es terrible.
-¿Guerra? No Pablo, donde me dirijo no hay nadie más, solo estoy yo.
-¿Es entonces estar solo lo que te da miedo?
-¿Soledad? No, tampoco es eso se... Pablo.
-Estoy perplejo ¿Qué te aflige entonces?
-¿Que qué es lo que me aflige?
-Sí. -lo interrumpes de nuevo.

El sonido de un tren que se acerca comienza a oírse en la estación.

-Su tren llega.
-Aun no me has contestado... chico, y aun no sé tu nombre.
-Mi nombre no importa, pero soy el Décimotercero. Deberías embarcar.

El sonido de la caldera de vapor se aproxima hasta detenerse justo enfrente de los dos muchachos.

-Mientras entras al tren- Una cosa más... Décimotercero, sigues sin contestarme.
-¿No se da cuenta señor?
-Pa..
-Ya le he contestado. -sin dejarte hablar y con lágrimas en sus ojos- Nada, es allí al lugar al que voy cada noche; por eso este frío, este temor, esta tristeza.

Bajas un poco la mirada, compadeciéndote del pobre muchacho mientras terminas de entrar en el vagón. De nuevo un agudo y vaporoso pitido inunda la estancia. Te sientas en el sillón de siempre, algo incrédulo por la situación que acabas de vivir, algo fuera de lo común.

El tren lleva varios minutos avanzando entre tus recuerdos y finalmente su movimiento cesa. Bajas con los ojos cerrados para que sea una sorpresa. Avanzas unos pasos y finalmente miras.

He ante tí un cielo estrellado como nunca has visto otro; el morado y el azul de una noche libre de nubes bañado por argénteas motas de luz. Un lago que refleja el mismo infinito y frente a él, calma... calma, pasión, sonrisas, AMOR.

Lentamente te aproximas a una figura que te espera en la orilla. Suave y blanca piel, cabello rizado de sedoso ébano y dos soles verdes sobre un mar de pecas.

Sonríes y ella hace lo propio. Le coges la mano, cierras los ojos y acercáis vuestros labios. Pero justo antes de besarla un escalofrío recorre tu cuerpo; una imagen de aquel chico se dibuja en tu mente... y después del beso tan solo eso...




NADA.


Colaboración de Gordon (@MykOrcoPumuky).


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