Cerca uno de otro, fundiendo la marea azul en el prado verde, el destino fue gracioso y decidió que tras recogerse sus cabellos color trigo detrás de la oreja, sonriese y me dijera "Hola".
El tiempo fue caprichoso, y deseoso provocó una leve lluvia que se escurría silenciosa a través de la niebla, pero no corto en ningún momento la suave sonrisa que se apreciaba bajo esos hermosos ojos claros.
Sin prisa y con cuidado se acercaron poco a poco bajo el cobijo que ofrecía aquel viejo árbol y el chico con la mirada pudo contestar su saludo. La chica, tímida, intentaba ocultar el calor de su sangre, que se podía observar en el color de sus mejillas, pues la piel clara y sin embargo ellas tan rojas.
Sabía que había encontrado algo que perdió hace tiempo y que tan solo lo tenía a unos pasos, tras esos ojos verdes.
No vacilé ni un instante, me acerqué a él y sin apartar mis ojos de su mirada verde le dije:
-Es curioso, tan solo paseabas, sin buscar nada. De repente empezó a llover y me encontrastes aquí esperándote. ¿Te apetece comenzar el resto de tu vida?
Me acerqué a él cuidadosa y simplemente lo besé. Inmediatamente se aparto unos centímetros y con una cara de sorpresa me miró, cogió uno de mis mechones dorados y lo colocó por encima de mi cabeza apartándolo de mi cara, sonrió, me acarició la mejilla y me dijo "Llevo esperando esto toda una vida. Aquí me tienes."
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