Está tumbado en la cama y
entonces abre los ojos muy despacio. Hay poca luz, pero aún así le resulta
molesta. Toma un trago de saliva y entonces empieza a ser consciente de su
alrededor.
Piensa.
-¿Otra vez?
-Lo siento. -Resuena como
un eco en su cabeza- Así es, ya estas despierto.
-¿Dónde está?
-¿Dónde está quién?
-Ella. ¿Dónde está ella? Sé
que la recuerdas de anoche.
Aún cegado por la débil
luz que entra por la ventana, estira el brazo buscando a alguien junto a él...
Pero no hay nadie.
-Eso que intentas es
inútil, no está. Sabes de sobra que solo ha sido un sueño. ¿Necesitas que te lo
recuerde?
-¿Cómo?
-Ayer, estabas sentado en
el cuarto frente al ordenador. Dejaste pasar el tiempo durante horas y
finalmente decidiste escribir algo. Cuando terminaste, apagaste el ordenador.
La oscuridad te envolvió durante unos instantes y encendiste el móvil. Te
quedaste atontado durante unos minutos con su sonrisa, aunque sabes de sobra
que no deberías tener esas fotos. Y te acostaste.
El chico, cerro los dedos
agarrando con fuerza la sábana que estaba junto a él. Sabía que le faltaba
alguien ahí. Cerró los ojos, suspiró y volvió a intentar buscarla.
-¿Qué haces?
-Déjame.
-No. Deja de hacer el
inútil, bastante por hoy. No voy a dejar que la encuentres, al menos hasta esta
noche, así que levanta y comienza de nuevo esa rutina que llamas vida.
-Déjame.
-Levanta.
-La quieres tanto como yo,
para algo formamos parte del mismo cuerpo, ¿por qué no me dejas un poco más?
-Chico, la realidad te
espera, no puedes quedarte soñando. Los cuentos de hadas no existen, los sueños
no se cumplen, se adaptan a lo que puedes conseguir o no. Ella no es para
nosotros.
-Pero... Yo...
-Sabes, quédate echado un
rato más, abraza la almohada y descansa un poco. Es Domingo, tienes tiempo.
Así el chico, cerró los
ojos buscando un sueño en su memoria, buscando esa sonrisa que le había
devuelto la alegría de nuevo.
Entonces lloré.
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