Caminé mirando hacia
atrás, buscando sus ojos. Esperé en mitad de la calle, pero no llegó... Menos
mal. Quería verla, pero no sabría que hacer al encontrarla. Tan solo quería
observar como caminaba, ver lucir sus rizos al sol.
Una calle que por primera
vez se hizo eterna en la búsqueda, un paseo a cámara lenta.
A veces uno se pregunta qué
está haciendo. Solo tienes claro que estás ahí, en mitad de todo y de nada.
Una roca en el fondo de un
arroyo, desgastada poco a poco por la corriente. Una pizca de nada en la
existencia. Una semilla enterrada en las cenizas de un cataclismo. Muerte en la
vida, vida en lo muerto. Ambiente hostil.
El miedo te inunda y giras
la cabeza para encontrarla, sentada a lo lejos, con esa mirada llena de luz.
Despierta algo en tu interior y solo puedes sentir el momento, como cuando
caminas por un pasillo con eco y suplicas que nadie te escuche, como esos ojos
que se cierran solos cuando acarician tu piel con dulzura.
Tan solo un segundo, un
segundo eterno.
Te suplico con la mirada
que te gires y me busques. Que sonrías y te coloques de forma coqueta el pelo
tras la oreja. Quizás con suerte un guiño o algún gesto de "sé que
existes".
Y tras ese pequeño
descanso toca volver a la realidad, donde solo puedes mirar al frente y atender
a la vida.
Así, cada día, solo por
estar ahí, me salvas un poco más.
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