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martes, 15 de noviembre de 2016

Hojas caducas.

Llegará el día que leas mis relatos y pienses en nosotros, en lo que podríamos ser. Los comprenderás y entonces sabrás todo de mi.

No dirás nada, nunca decimos nada.

Cada vez que te veo grito tu nombre, resuena en los ecos de mi pensamiento. Mis labios permanecen inertes y si miras me oculto bajo una mirada perdida lejos de ti. Cada vez que pasas por delante tan solo quiero agarrarte del brazo y confesar que en pensado en ti por cada latido de mi ser. Cobarde.

Sin embargo, cuando lo entiendas todo, el silencio nos perseguirá. Aún con preguntas y dudas sobre si todo lo que escribo es verdad, no te acercarás a preguntar.

Un otoño de locuras cuando miro por la ventana, se me escapan los sueños. Veo esa luz reflejada en el fondo anaranjado de la cubierta de hojas caducas. Me decido y dibujo lo que veo.

Ahora, escribo lo que siento.

Un extenso paseo lleno de hojas rojizas en el suelo, troncos erguidos y fuertes con aún algunas hojas verdes entre todas las marrones. Una brisa suave y un frío abrumador.

Y tú.

Pateando con gracia alguna de esas hojas en el suelo, con esas botas claras que tanto te gustan. Un grueso abrigo y una gran bufanda, como para esconderte entera. Un gorro de lana y esos rizos rubios que caen por encima de tus hombros. Mirándome mientras te ríes de todo. Un momento inolvidable ver como esos ojos verdes me miran, a mí, siendo felices.

Cuando miro por esa ventana es lo que veo, un momento de los dos por descubrir. Así pues, si algún día me ves desde allí atrás, mirando a través de los cristales el infinito entre las hojas naranjas, piensa en esto. Piensa en nosotros.



                                                                                                         -No seas tímida pequeña Dragón.-




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