Llegará el día que
leas mis relatos y pienses en nosotros, en lo que podríamos ser. Los
comprenderás y entonces sabrás todo de mi.
No dirás nada, nunca
decimos nada.
Cada vez que te veo
grito tu nombre, resuena en los ecos de mi pensamiento. Mis labios permanecen inertes
y si miras me oculto bajo una mirada perdida lejos de ti. Cada vez que pasas
por delante tan solo quiero agarrarte del brazo y confesar que en pensado en ti
por cada latido de mi ser. Cobarde.
Sin embargo, cuando
lo entiendas todo, el silencio nos perseguirá. Aún con preguntas y dudas sobre
si todo lo que escribo es verdad, no te acercarás a preguntar.
Un otoño de locuras
cuando miro por la ventana, se me escapan los sueños. Veo esa luz reflejada en
el fondo anaranjado de la cubierta de hojas caducas. Me decido y dibujo lo que
veo.
Ahora, escribo lo
que siento.
Un extenso paseo
lleno de hojas rojizas en el suelo, troncos erguidos y fuertes con aún algunas
hojas verdes entre todas las marrones. Una brisa suave y un frío abrumador.
Y tú.
Pateando con gracia
alguna de esas hojas en el suelo, con esas botas claras que tanto te gustan. Un
grueso abrigo y una gran bufanda, como para esconderte entera. Un gorro de lana
y esos rizos rubios que caen por encima de tus hombros. Mirándome mientras te
ríes de todo. Un momento inolvidable ver como esos ojos verdes me miran, a mí,
siendo felices.
Cuando miro por esa
ventana es lo que veo, un momento de los dos por descubrir. Así pues, si algún
día me ves desde allí atrás, mirando a través de los cristales el infinito
entre las hojas naranjas, piensa en esto. Piensa en nosotros.
-No seas tímida pequeña Dragón.-
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