Sol.
Una tarde por el centro, con un calor increíble, decido que vez de andar prefiero coger el metro. Sería bastante más directo, rápido y tranquilo a estas horas. Sin dudarlo un segundo más, bajo esas escaleras llenas de pintadas, chicles pegados por todas partes, restos de orina y papeles.
Al pasar el ticket me dirijo a lo más profundo de la estación y mientras espero veo a una señora mayor, un par de niños con su madre y tres hombres trajeados.
Se escucha como llega gusano metálico, como retumba todo y la bocanada de aire que siempre nos arrolla un instante antes de que aparezca de ese lúgubre agujero. Las luces parpadean un poco y entonces llega el esperado aparato. Para justo delante y se abren las puertas, apenas sales dos personas y entramos todos. Nadie a mi derecha, una pareja a mi izquierda. Bueno, aparte de los que estábamos fuera.
Todo estaba tranquilo hasta que veo pasar, por delante mía a los tres hombres trajeados. Uno me dice que me tape los oídos y entonces... Fuego, caos, trozos de metal por todas partes.
... Estamos parados. Apenas se ve nada. Entonces uno de esos hombres se acerca, me levanta con brusquedad y me sienta en un asiento. Me analiza y hace una señal a otro de ellos. Lleva un arma, empiezo a temblar.
Muerte, no paro de pensar en ella. Nos van a matar a todos.
Ya han pasado dos horas desde la explosión y aún nos retienen. Está claro que somos su único billete para salir de aquí, pero siendo así, sabiendo que estarían atrapados... ¿Por qué lo han hecho?
Nos reúnen en el centro de unos de los vagones y nos dicen que nos vayamos, que su tarea había concluido. Según salimos veo un cadáver en el suelo. ¿Quién será? ¿Por qué nos dejaran ir?
Han pasado un par de mese, estoy viendo las noticias, y ahí estaba. Era el cadáver, un asesino en serie cubierto por el gobierno porque les daba soplos sobre mafias. Al parecer la noticia no explicaba su muerte, sino que habían cogido a los tres hombres que lo había matado. Eran tres ciudadanos normales, que con un poco de valor, organización y determinación había decidido dar su libertad a cambio de un mundo en el que un asesino, violador y maltratador dejase el mundo.
No hago más que pensar, en cómo podemos confiar en el gobierno que pone tapaderas al servicio de gente así. ¿De verdad os preguntáis que por qué no he perdido la fe en las personas pero si en la humanidad?
Esos tres hombres, eran personas. El gobierno es la humanidad. Pensadlo, reflexionar sobre ello, deducid cosas. Pequeños, ellos no son la voz del pueblo, son la voz del poder y lo que les conviene.
Metáforas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario