Hacia un lado, hacia otro. Un abismo ante mis ojos. Hace viento, mucho viento.
Entonces, decidido, abro las alas dispuesto a lanzarme a ese vacío. Y pegado al gran muro de piedra que hay a mis espaldas, empiezo a correr hacia el borde dispuesto a saltar y... Nada, me paro una vez más.
No. Me niego a acabar así, no puedo permitir que me supere. Una vez más. antes de intentar partir, acaricio esas piedras que crecen hacia los cielos junto al inmenso muro, cojo una bocanada de valor y fuerza, empiezo a correr y salto. Abro las alas, intentando frenar la caída y emprender el vuelo, pero no hay manera, el aire pasa a través de las plumas como si no existieran. Aleteo con fuerzas, desesperado por no caer y ante el inminente golpe contra el suelo...
Nada. No ocurre nada. Estoy ahí parado, quieto en el aire sobre un suelo encharcado. Asustado, extrañado, feliz, entusiasmado. Y entonces, una delicada, dulce y hermosa canta junto al viento. A lo lejos una extraña chica que según se acerca toma forma. Puedo reconocerla. Alzo la mirada al cielo y siento como miles de rayos de sol acarician mi piel, como el aire me susurra...
Así, una vez más me levanto de la cama una mañana. Al mirar por la ventana para sentir el sol, veo su rostro dibujado entre la nubes y siento como poco a poco, el ritmo se acelera.
Amor.
Cuidado no te vaya a pasar como Icaro y se te derritan las alas con el calor de esos ojos.
ResponderEliminarMe encanta *___* He leído algunos, pero este es el que más me ha gustado...¡Te sigo! Y tú sigue escribiendo entradas.
ResponderEliminarCon cariño, M.
¡Muchas gracias! Me alegra saber que cuento con un lector más.
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